Proyecto 2: Mujeres y feminismo

Estudios de Mujeres y Estudios Feministas

Proyecto de investigación 2003-2006

Tema: Estudios de Mujeres y Estudios Feministas
Enfoque: Teología y diálogos interdisciplinarios
Referentes: Prof. Dra. Virginia R. Azcuy, Prof. Dra. Marta Palacio
Asistentes: Prof. Lic. Nancy Raimondo, Prof. Lic. Andrea Sánchez Ruiz Welch

Presentación:

La situación de los derechos humanos de las mujeres y de toda persona humana exige buscar nuevos caminos para transformar la realidad, no sólo en el campo cultural, social y político, sino también en el ámbito de las ciencias. La presencia de los estudios de la mujer, posteriormente denominados estudios de las mujeres da cuenta de estas luchas. Como nueva área del saber, estos estudios constituyen un cuerpo teórico acerca de las mujeres y tratan de incorporar sus puntos de vista e intereses específicos. Su surgimiento se ubica en relación con el movimiento feminista de los años sesenta y su generalización en América Latina se da durante los ochenta, donde prevalecerá la denominación de estudios de la mujer y estudios de género. El debate acerca de su denominación correcta se produce como consecuencia de los avances en las investigaciones y la complejidad que va revelando el campo de estudio. El proceso de institucionalización hizo que estos estudios muchas veces se desmarcaran del feminismo, lo que produjo también que se reclamara la designación de estudios feministas. Por último, el surgir de la categoría de género como modo de explicación de las relaciones de poder entre los sexos suscitó que también los estudios de género pretendieran imponer su nombre en el ámbito académico, con frecuencia en el marco de programas interdisciplinarios.

Los estudios de género, como conjunto de cuerpos teóricos en pleno desarrollo, conforman un instrumental imprescindible para entender y discernir muchas de las realidades humanas que más nos preocupan. La perspectiva de género favorece el ejercicio de una lectura crítica de la realidad para analizar y transformar la situación de las personas y de las instituciones, procura desentrañar las representaciones y creencias que intervienen en la constitución de las subjetividades de varones y mujeres, y trata de crear nuevas construcciones de sentido para que ellos/as visualicen su masculinidad y su feminidad a través de vínculos no jerarquizados ni discriminatorios sino igualitarios. En efecto, las relaciones entre varones y mujeres se regulan mediante asignaciones de género que cada persona recibe y asume conforme a su composición familiar, su educación y su cultura. Desocultar estos mecanismos puede ayudar, tanto a unos como a otras, a reconocer las desigualdades en las relaciones familiares y sociales, a evidenciar los autoritarismos y violencias naturalizadas en lo cotidiano y a mostrar los caminos de reconstrucción hacia vínculos humanos más recíprocos.

El concepto de género, como categoría social, es una de las contribuciones teóricas más significativas del feminismo contemporáneo. Su empleo en las ciencias sociales y en el discurso feminista con un significado propio y una acepción específica recién se da a partir de los años setenta; su impacto en América Latina adquiere fuerza hacia fines de la década del ochenta y comienzos del noventa. A diferencia de las categorías de clase social o etnia, que han sido instrumentos analíticos desde hace mucho tiempo, la categoría género es una herramienta de creación más reciente y su uso no está generalizado en todos los ámbitos. Los debates actuales muestran que no hay una visión única y estandarizada sobre género, aunque puede hablarse de ciertos consensos entre los que se destaca el sistema de sexo/género como principio de organización social. El sexo corresponde a un hecho biológico que es producto de la diferenciación sexual de la especie humana y que implica un proceso complejo con distintos niveles no siempre coincidentes entre sí, denominados por la biología y la medicina como sexo cromosómico, gonadal, hormonal, anatómico y fisiológico. La denominación de género corresponde a la significación social que se hace de estos niveles, por lo cual las diferencias anatómicas y fisiológicas entre varones y mujeres derivadas de este proceso se distinguen de las atribuciones que la sociedad establece para cada uno de los sexos individualmente constituidos. En su uso general, aunque se trata de una conceptualización compleja y con divergencias, la categoría de género representa una definición histórica y social acerca de los roles, las identidades y los valores atribuidos a varones y mujeres.

Por otra parte, la extensión abusiva del concepto de género en las últimas décadas ha levantado numerosas críticas. En este sentido, Silvia Tubert no teme hablar de “la crisis del concepto de género”, dado que a pesar de que el género se define fundamentalmente por su oposición a sexo, con frecuencia se encuentra en textos científicos y periodísticos una simple sustitución del segundo por el primero, incluso cuando se trata de connotaciones biológicas. El problema fundamental es que, de este modo, se elimina la potencialidad analítica de la categoría para desocultar las relaciones de poder entre los sexos. En la opinión de Susana Gamba, la polémica que ha seguido a la generalización del concepto de género replantea la conveniencia de seguir utilizándolo. Más allá de los límites de este cuerpo teórico, su estudio y su utilidad como mediación analítica sigue siendo difícil de reemplazar a la hora de explicar las causas de las desigualdades entre varones y mujeres. Al respecto recuerda Griselda Gutiérrez que la incorporación de la teoría de género responde a la insuficiencia de otras categorías para explicar la desigualdad:

Las distintas líneas teóricas para sustentar una perspectiva de género analítica pueden ser actualmente motivo de discusión respecto de la pertinencia y productividad de unas u otras alternativas. Pero lo que quizás, más allá de los debates iniciales, sea hoy un punto de consenso, es que la acuñación de ese concepto respondió a un giro estratégico con implicaciones de distinta envergadura; las más explícitas y atinentes a las preocupaciones feministas, agudamente señaladas por Joan Scott, serían: «…reinvindicar un territorio definidor específico, de insistir en la insuficiencia de los cuerpos teóricos existentes para explicar la persistente desigualdad entre mujeres y hombres».[1]

Desde el punto de vista de la teología contemporánea, una de cuyas tareas es promover la dignidad humana y las relaciones de justicia, los estudios de género resultan un aporte valioso para conocer las complejas realidades humanas y sociales, a la vez que para procurar la liberación de toda clase de opresión y discriminación. La perspectiva de género, como instrumental útil para analizar las situaciones de asimetría social y alentar nuevas relaciones –en la familia, la sociedad o las instituciones civiles y religiosas–, ofrece a la teología una mediación socio-analítica para ampliar sus puntos de mira. En efecto, la perspectiva de las mujeres, la epistemología feminista y los estudios de género, han hecho ya su irrupción en el ámbito de las ciencias y plantean un reto a la teología. La crítica planteada por las pensadoras feministas a la epistemología resulta particularmente distintiva: cómo afecta la construcción socio-cultural del género en la producción de conocimiento y en el establecimiento del contrato social y del orden político. La teología cristiana no puede eximirse de esta interpelación, si es que quiere dar cuenta de su capacidad integradora y humanizadora.

Una razón decisiva para asumir el cuestionamiento de los estudios de género en teología es la realidad global de la inequidad de género y su lectura como iniquidad social. Cuando la constitución conciliar Gaudium et Spes habla de la comunidad humana, destaca la igualdad esencial entre todas las personas humanas y la justicia social: “hay que eliminar, como contraria al plan de Dios, toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión.” (GS 29).[2] La desigualdad y la discriminación son consideradas claramente como opuestas al designio de salvación, es decir, como situaciones de pecado social. La igualdad fundamental que se afirma no pretende postular un simple igualitarismo, sino que se refiere a los derechos de la persona y a su libre ejercicio, a la igualdad de valor o dignidad, no a la igualdad de cualidades de las personas humanas.

Bibliografía:

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R. A. Coll, Christianity & Feminism in conversation, Twenty-Third Publications, Mystic 42001.
R. Chopp; S. Greeve Davaney (eds.), Horizons in Feminist Theology, 1997.
L. Femenías, Del sujeto al género, Buenos Aires 2000.
O. González de Cardedal, “Situación de la mujer en la Iglesia y la sociedad actuales”, Mensaje Iberoamericano 264 (1988) 13-17
M. Lamas (comp.), El género. La construcción cultural de la diferencia sexual, México 2003.
K. Lehman, “Teología y cuestiones de género”, en: C. Schickendantz (ed.), Mujeres, identidad y ciudadanía. Ensayos sobre género y sexualidad, Córdoba, EDUCC, 2006, 211-236.
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K. Rahner, “La mujer en la nueva situación de la Iglesia”, en: Escritos Teológicos 7, Madrid, Taurus, 1967, 380-397
L. Russell; J. Shannon Clarkson (eds.), Dictionary of Feminist Theologies, Louisville 1996.
S. Tubert (ed.), Del sexo al género. Los equívocos de un concepto, Madrid, Ediciones Cátedra, 2003.


[1] G. Gutiérrez Castañeda, “La perspectiva de género y su contribución al horizonte epistémico contemporáneo”, en: Perspectiva de género: cruce de caminos y nuevas claves interpretativas. Ensayos sobre feminismo, política y filosofía, México 2002, 13-20, 13.
[2] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constituciones, Decretos, Declaraciones, Madrid 1993, 351. Cabe recordar que el texto sigue con una observación relativa a las mujeres: “Pues es realmente lamentable que los derechos fundamentales de la persona no estén todavía bien protegidos en todas partes. Por ejemplo, cuando se niega a la mujer el derecho a elegir libremente esposo y adoptar un estado de vida o acceder a una cultura y educación semejantes a las que se conceden al varón.”

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