Como un huerto bien regado

María Elena Aradas

Reflexión para miércoles de ceniza

Entonces, si llamas a Yavé responderá. Cuando lo llames, dirá: “Aquí estoy”.
Si en tu casa no hay más gente explotada, si apartas el gesto amenazante y las palabras perversas; si das al hambriento lo que deseas para ti y sacias al hombre oprimido, brillará tu luz en las tinieblas, y tu oscuridad se volverá como la claridad del mediodía.
Yavé te confortará en cada momento, en los lugares desérticos te saciará, El rejuvenecerá tus huesos y serás como huerto regado, cual manantial de agua inagotable.
Volverás a edificar sobre las ruinas antiguas y reconstruirás sobre los cimientos del pasado; y todos te llamarán: El que repara sus muros, el que arregla las casas en ruinas.”
(Isaías 58, 9-12)
El ayuno que agrada al Señor, podríamos continuarlo: Si te reconoces como parte de la naturaleza, te encuentras con ella, en una relación cósmica, te descubres parte de ella y no su dueño. Si te animas a realizar una verdadera conversión ecológica, a repensar las formas de producción y consumo que tiene la sociedad en la que estas. Él volverá su rostro sobre ti y te dará la Paz.
Esta reflexión cuaresmal nos centra en el huerto bien regado, nos permite pensar y relacionar la forma de cuidar el agua, la hermana agua, al decir de San Francisco de Asís. En la misma, pondremos especial atención a las formas de cultivar para producir nuestros alimentos. La agroecología se constituye como una ciencia que se ocupa del estudio de la agricultura con un enfoque ecológico. Trata de identificar formas de manejo agrícola que restablezcan los ciclos ecológicos que se dan en los ecosistemas naturales con técnicas capaces de cuidar el agua del sistema en forma integral.
Una de las estrategias que aparece claramente en la Biblia es el descanso de la tierra (Levítico 3, 25: 1-55), en este texto del Levítico aparece un detalle pormenorizado de cómo realizar los cultivos, y la necesidad de descanso de la tierra, esta forma de descanso que solemos llamar “barbecho”, es el momento de acumulación de agua en el suelo, es el tiempo de preservar el agua, para los ciclos venideros, como el tiempo de cuaresma, un tiempo que parece de quietud, de aridez, pero que lleva en su interior la esperanza de la vida y la vida en abundancia.
En la Biblia estos temas aparecen numerosas veces, pero necesitamos abrirnos a lo que el Espíritu habla en otras culturas y tradiciones espirituales en la humanidad. En América Latina, las religiones indígenas y negras tienen un elevado sentido de comunión con la naturaleza (Barros, Marcelo); como franciscana redescubro las semejanzas que encontramos entre la espiritualidad franciscana y la espiritualidad indígena – por ejemplo la maya- en la consciencia de lo sagrado presente en el mundo. La tierra, los ríos, los bosques, los humanos, los animales, todos son sagrados porque en ellos habitan las divinidades. La hermandad de San Francisco con la creación. Por eso para cortar el monte, escarbar la tierra o ingresar a los ojos de agua, realizaban ofrendas rituales de permiso o de gratitud.
El año sabático, del Pueblo de Israel tenía sus estrategias para el respeto que integraba naturaleza-pueblo: un es el descanso de la tierra, segundo liberar los esclavos y tercero redistribuir la tierra evitando latifundio.
Este desafío teológico que integra la visión ecológica, tiene que ver con vida, con liberación de los pobres, y la profunda relación con la liberación de la tierra, del agua- transformadas en mercadería- redescubriéndolas como un derecho de todos los seres vivos. Y la necesidad de incorporar prácticas cotidianas y de exigirlas, en las formas de producción, que aseguren estos derechos para todos y todas.
Para finalizar, el Apocalipsis nos dice “Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva” (21,1). Los pueblos guaranies decían este mismo concepto “Yvy marany” que significa tierra sin males. El futuro que surge al final del camino, surge como una nueva creación. Surge como don de Dios… (Mesters, Carlos). Este cielo nuevo y tierra nueva son gestados y paridos por la humanidad, como el Pueblo de Israel que va con su Dios a la cabeza, así vamos nosotros gestando esta novedad. Amén.

María Elena Aradas es Directora Ejecutiva del CEFEDER (Centro Franciscano de Estudios y Desarrollo Regional) de la Pontificia Universidad Católica, Argentina, y miembro de “Teologanda”.

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