Una catequesis misionera

El catecúmeno y su catequista son misioneros cuando necesitan salir de sí mismos y anunciar a Jesús, no por exitismo o aprobación, sino por el simple hecho de comunicar a Jesús, a quien aman y desean que sea amado por todos.
La razón por la que la catequesis es misionera está en que el kerygma no es solamente un primer anuncio, es el anuncio peremne, tal como lo entendiera Juan Pablo II: “es tarea primordial de la Iglesia.” (RM 34)1 El primer anuncio es el anuncio al cual siempre se vuelve: se escucha una y otra vez pero en cada ocasión nos resuena diferente, con el paso del tiempo y la propia vida, el anuncio kerygmático va tomando diferentes colores, formas, palabras y profundidad en su belleza. Es un anuncio pleno de dinamismo y reposo, miradas y silencios. En definitiva el anuncio es amor a Jesús que crece en nuestro corazón y en nuestras manos, desafiando toda creatividad para comunicarlo de la mejor manera posible.
La intimidad con Jesús no sólo nos impulsa a anunciar el Reino de Dios como realidad de comunión, sino también intentar, con la fuerza y el impulso del Espíritu, que los valores del Evangelio impregnen nuestro entorno: esto es lo que facilita el pedido del Papa Francisco a los jóvenes en Río de Janeiro: “hagan lío”. Una especie de desorden y desestructuración de todo lo que está anquilosado, lo que fomenta la desidia y la actitud de “ombliguear” (mirarse siempre el propio ombligo sin levantar la mirada hacia el otro). Aparecida nos invita a que “cada comunidad sea un poderoso centro de irradiación de la vida en Cristo” (DA 362)
Se podría decir, que la vocación a la misión está en nuestro ADN cristiano: un/a cristiano/a que no es misionero/a está en problemas. Jesús mismo fue misionero: anunciaba el Reino con gestos y palabras: mirando, hablando, acariciando… los gestos cotidianos que realizó durante su vida terrena son los mismos que estamos llamados a realizar y, así como él “pasó haciendo el bien” (Hch 10, 38), es natural que a cada cristiano/a también se lo identifique por pasar haciendo el bien en la vida, en su comunidad, en el mundo y en las periferias, como lo señalaría el Papa Francisco. Esta es la gracia de participar de la mirada de Jesús, pasar haciendo el bien porque somos capaces de ver a nuestros hermanos desde la perspectiva de Jesús y sabiendo que él está vivo en medio de cada ser humano. (Mt 25, 31-46) Transitar con alegría el estado de misión nos recuerda que podemos dar fruto abundante de fraternidad, amistad, comunión. (Jn 15, 8) Y desde esta alegría misionera, sabernos hermanos y hermanas; poseedores de su don, aquél del que Jesús le hablara a la samaritana: “si conocieras el don de Dios…” (Jn 4, 10) El don de Dios que es su misma vida divina.

Z. Carolina Insfrán

1- El Papa se refería en esta oportunidad al anuncio del Evangelio a todos los pueblos (ad gentes).

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